Cuando las etiquetas no son las que corresponden

Tengo un problema… más bien, nací con él, pero nadie me lo dijo, nadie me aviso…

De como fui de chico tengo recuerdos vagos, aunque una constante es que siempre lloraba por todo, el típico “maricon” que no sabía jugar a la pelota porque tenía miedo de que hacer cuando la tuviera, pero eso sí, me encantaba jugar solo y no socializaba mucho, que nunca completaba las carpetas del colegio, que era algo distraído, que me deprimía por cualquier cosa… Puedo seguir con alguna que otra anécdota, pero el punto es otro, porque ya no soy chico, hace mucho que no lo soy, pero desde siempre algo raro, algo distinto veía en mi, algo “defectuoso” a los ojos de los demás, y nunca importaba cuanto me esforzaba, siempre me etiquetaban de vago, de que dormía mucho, de que nunca trabajaba, de que no terminaba nada, que llegaba tarde, de que era ermitaño… siempre me etiquetaban, como si esas etiquetas fueran a cambiarme algo para mejor, como si fueran a provocar un enojo que movilizara una fuerza interior oculta que liberara un espíritu superador, como si todas esas etiquetas dieran forma a quien eras, etiquetas, etiquetas y mas etiquetas…

Y así llegue al único lugar a donde podía llegar, o sea, al borde del andén esperando a que cuando llegara el tren cayera de la forma correcta y me libere de tantas etiquetas de una vez y para siempre, porque ¿saben qué? La única etiqueta que no me hubiera puesto en este lugar, en ese momento, hubiera sido la etiqueta que dice que padezco TDAH, porque esa etiqueta me habría educado tanto a mi como a la gente más cercana, de cómo soy por dentro, de cómo puedo con muchas cosas que los demás no pueden y de como otras voy a poder, pero de una forma distinta, por otro camino, y de que hasta hay una medicación que es ¡casi mágica! porque me permite, aunque sea por un rato, ser como todos los que no me entienden esperan que sea, que dicho sea de paso, son personas algo carentes de la capacidad de entender a otras personas… “discapacitados sociales”como me gusta llamarlos.

Hoy no estoy en el borde de ese anden, esperando a que un tren pase y se lleve mi dolor, pero es solo de casualidad, y eso es una historia para otro día, pero ese dolor está ahí, y me sigue trayendo problemas en mi vida, con gente que quiero y que pierdo, con oportunidades que no puedo aprovechar, con muchas dificultades que aprendo a superar el día a día por mis propios medios, todo porque en algún momento de mi niñez, en vez de ignorar mi realidad, mi dolor, ese que no sabía expresar, hubiese sido lindo que alguien me etiquetara como un chico que padece TDAH, y así poder acceder a todas las herramientas, a todas las posibilidades, y a tener la oportunidad de ser una persona mejor, esa que siempre quise ser y nunca entendí porque no podía.

Gustavo Holo
Tengo TDAH